Está empezando a hacer frío y yo apenas miro afuera
siento que me congelo por dentro.
Pero es distinto mi frío... no es tan abierto.
quizás no viene con la lluvia este frío incierto,
quizás es razón para que tenga yo tanto miedo.
Y así sigo, no me muevo.
Sigo mirando todo y todo se vuelve verbo.
Duermes. Llueve. Oscurece. Te beso.
Con color, sin color, se monocromatizan mis sesos.
Me entretiene pensar que del blanco al negro hay un cuento.
Y te encuentro... de nuevo en aquel bar. Inimaginable pensar cada vez que te veo...
Estás, te escondes en las olas de tu pelo, tomas, te ríes, te enojas, eres como un juego.
Te miro y te celo..... no pasa nada.
Otro zarpazo de la noche, sin palabras.
Te vas de prisa, te pierdo de pronto,
yo tomo, tomo. Trago y vuelvo y tomo. Me odio, me espanto,
hago que me voy porque me odio...
Por ahora, cierro los ojos...
Y de nuevo te tengo en mi cuarto.
Por el frío ya no se te eriza la piel...
por la cama ya no te mueves
y tu cuello está negro..
Pero por Dios,
yo cuánto te amé.
Por fin me miraste y te traje a mi cama,
te amé descalza mientras me gritabas
te amé llorando mientras me golpeabas
te amé a la fuerza contra la aldaba
te amé sobre el piso, te amé bajo el agua...
y yo era inhumano por cuánto te amaba.
El quinto día ya dejabas de hablar,
el rencor en tus ojos se hizo indiferencia,
ya no dintinguías si estaba bien, o estaba mal
restaste importancia y cobraste PACIENCIA.
Cuánto pudimos tomar para poder tragar entre sorbos nuestra conciencia?
Éramos alcohol, desprevenido, sólo y sin distancia.
Éramos intolerancia, golpes bajos y RON.
Éramos sin Dios el amor vivo sin alma,
Éramos extrañamente como animales sin sol.
Te fundiste con los días en tu olor a sangre y calma.
Lloré viéndote curvear lentamente la espalda
lloré cuando ví en tus piernas el surgimiento de escamas,
lloré de alegría al sentir que por mí todo tu cuerpo cambiaba.
Lloré y descansé rendido viendo por fin que me amabas.
Fuimos mudos ante el mundo que nos hizo inexistentes.
Con el tiempo fuiste muerta y viva sólo para mí.
Olvidaste tú a tu familia, a la gente,
olvidé yo el suburbio que me separaba de tí.
Celebro triunfante cada día desde que te traje aquí.
Celebro que aguantes y sigas con vida el terrible martirio de ser para mí.
Está empezando a hacer frío y yo apenas miro adentro.
Veo que te congelas.
Enrroscaste las piernas contra tu pecho
y yo quedo deshecho ante el terror de que mueras...
No es el frío que me aterra
si no el empeño de salvarte,
comer primero el veneno
mucho antes de matarte...
No es el frío, es la hora,
me aterra que ya sea tarde.
Y despierto, y estás, convertida también en verbo...
Vives, sonrríes, dices que no va a funcionar ésto, y yo también arrepentido,
de matarte por años en cuentos, te abro la puerta, te sonrrío,
y te despido con un beso.
FIN

1 comentario:
ya tu sabes q me gusta mucho esto.
Publicar un comentario